quarta-feira, fevereiro 15, 2006

La huida del tiempo [estamos a ler... (2)]

"La "calavera", ése es el nombre que los apaches le han dado en su lengua a una muchacha. A través de sus rasgos faciales consumidos se perfila su esqueleto. En otro tiempo llevé conmigo de ciudad en ciudad una calavera que había encontrado en una antigua capilla. Se habían abierto tumbas y, al hacerlo, quedaron al descubierto esqueletos centenarios. Sobre la tapa del cráneo escribían el nombre del difunto y añadían el lugar de nacimiento. Los huesos de los pómulos se pintaban con rosas y nomeolvides. El caput mortuum que llevé conmigo tanto tiempo era la cabeza de una muchacha de veintidós años, muerta en 1811. Estaba completamente loco por esta joven de ciento treinta y tres años, y me resultó muy difícil separarme de ella. Pero por fin, cuando me marché a Suiza, la abandoné precisamente en Berlín. A esa calavera me recuerda la que en este caso todavía vive. Cuando contemplo a la muchacha, me gustaría tomar las pinturas y dar color a su rostro consumido dibujándole flores".

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